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Sin entrar a categorizar un perfil “tipo” de la persona-sin hogar, ante el riesgo de obviar las distintas tipologías presentes dentro del colectivo, sí podríamos definir rasgos o peculiaridades que suelen estar presentes, en mayor o menor grado y que interfieren negativamente dentro de los procesos de integración sociolaboral.
Destacamos a continuación algunas de las dificultades más comunes que hemos observado:
- La existencia de necesidades básicas sin cubrir (problemas de salud, falta de alojamiento, falta de recursos económicos, etc) hacen necesario llevar a cabo intervenciones integrales y/o transversales que contemplen todas estas áreas.
- Dado que los procesos de intervención son prolongados con este tipo de colectivos es necesario que los programas y/o proyectos en los que trabajamos exista una continuidad y no sean meras acciones puntuales.
- El hecho de que muchas personas pertenecientes a estos colectivos estén percibiendo salarios sociales (ej.RMI) y encuentren muchas dificultades para encontrar empleos bien remunerados (debido fundamentalmente a la escasa cualificación profesional así como a falta de experiencia laboral hace que se pierda la motivación por la búsqueda de empleo (pérdida de atractivo del trabajo)y que nos encontremos con situaciones de dependencia de los salarios sociales y mantenimiento en la economía sumergida.
- La existencia de estereotipos y prejuicios por parte de la sociedad en general y en particular la escasa sensibilidad social del empresariado ante estos colectivos dificultan el acceso al mercado laboral normalizado.
- Barreras personales y/o sociales tales como una baja autoestima, un autoconcepto pobre y desajustado, estados de ánimo bajos, escasa motivación, poca tolerancia a la frustración, inmediatez de la conducta, percepción desajustada de la realidad, escasas habilidades sociales fruto de largos periodos de aislamiento social, deterioro de la imagen personal y descuido de la higiene derivados de la permanencia en situación de calle durante largos periodos de tiempo.
- Riesgo de dependencia crónica e institucionalización de las personas sin hogar con las entidades en las que participan.
- Existen pocas experiencias de empleo protegido y talleres pre-laborales para los colectivos de personas sin hogar y éstas serían un buen espacio de transición al mercado laboral normalizado.
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